
Entre Navalón y Zamora
Hay familias que nos entregan las raíces y otras que, con el tiempo, abren sus ramas para hacernos un lugar. Entre ambas se va formando ese árbol invisible que nos sostiene y nos recuerda que nunca caminamos solos.
Navalón es mi origen. Es la historia que comenzó antes que yo y permanece en mis gestos, en mis recuerdos y en mi manera de mirar la vida. A mis padres, por ser raíz, refugio y el primer significado de la palabra hogar. Y a mi hermana, por compartir conmigo una infancia, una historia y ese vínculo que ningún tiempo ni distancia podría deshacer.
Zamora llegó a mi vida de la mano de Sebastián y, poco a poco, también se convirtió en familia. A mis suegros, cuñados y sobrino, por abrirme las puertas de su historia, hacerme sentir parte de ella y regalarme nuevos afectos, recuerdos y lugares a los que también puedo llamar hogar.
Porque la familia no siempre está formada únicamente por la sangre. También nace del amor que acoge, de los vínculos que elegimos cuidar y de quienes hacen sitio para nosotros en su mesa y en su corazón.
Entre Navalón y Zamora habita mi historia: la familia de la que vengo y aquella que la vida me permitió encontrar.
Dedicatorias especiales

A mis padres











