
Para ellos, los pilares de mi vida: mis padres, cuyo ejemplo y amor incondicional me han sostenido siempre.
Faros de luz en mis días inciertos, y raíces firmes en cada paso que doy.
Gracias por su paciencia y por creer en mí, incluso cuando yo no lo hacía.
Para mi padre, Pepe Navalón, por inculcarme su esencia y admirar su forma de ser servicial, humilde y cariñoso. Por despertar en mí el amor por la música clásica, por mostrarme, a través de ella, la belleza de la sensibilidad, y por enseñarme a escuchar la vida con la misma pasión con que él escucha cada nota. Por ser mi guía y acompañarme hasta el momento de soltar su mano y tomar la de mi esposo.
Siempre seré tu titán.
Para mi madre, Jose Cuenca, por ser la primera en acercarme a Dios; por inculcarme, con su ejemplo, el amor por la lectura y por ayudarme así a desarrollar mi escritura; por ser más que una amiga y, sobre todo, por ser mi madre, completa en sí misma; por inspirarme a vivir con sentimiento, determinación e ímpetu.
Siempre seré un reflejo de ti.
