Las despedidas


Aunque nos separen los caminos,
siempre seréis parte de mi hogar.

Algo de ti vuela y permanece en cada persona que te ve marchar.

Tratas de apartar la mirada, pero te aferras al instante final de ese encuentro de miradas.
Cada recuerdo se clava, como si se pudiera congelar el tiempo y hacerlo eterno.

Cada pequeña sonrisa que surge del alma vuelve a hacer sonreír tu corazón, recordando las carcajadas de los momentos de felicidad compartidos.

Cada palabra que dijeron y que con otros compartimos queda como un sello de enseñanza, que regresará a nuestra memoria a pesar de la distancia.

Las despedidas no solo nos separan físicamente, sino que también nos alejan de la posibilidad de seguir viviendo momentos juntos. Y, sin embargo, cada adiós deja una chispa que ilumina lo que fuimos, aunque ya no estemos, y que volverá a encenderse en un nuevo encuentro.

A veces duelen pero siempre nos recuerdan que lo que amamos nunca se pierde por completo. Solo se transforma en memoria, en abrazo invisible, en algo que nos acompaña aunque nuestros caminos se alejen.