A un paso de ti

Nuestra vida, nuestra infancia, no siempre fue un campo de amapolas, pero siempre tuve la mano de mi hermana guiándome.

Sin soltarla, aprendí el camino siguiendo las huellas que iba dejando; su mirada paciente me esperaba cada vez que dudaba, asegurándose de que pudiera dar el siguiente paso.

Incluso cuando nunca imaginé qué habría después de ese campo de amapolas, ella siempre me transmitió la confianza y el valor que necesitaba para continuar, aun cuando el final parecía incierto.

Hace tiempo dejamos atrás ese campo de amapolas, pero aprendí que, mientras nos sintamos cerca pese a la distancia, ningún camino volverá a darme miedo.

Hoy te doy las gracias por no soltar mi mano cuando yo no sabía adónde ir, por creer en mí incluso antes de que yo pudiera hacerlo y por abrirme paso para cruzar horizontes.

Con el tiempo, comprendí que ya no caminaba detrás de ti, sino a tu lado. Y, aun así, tu presencia sigue siendo mi refugio: un refugio mutuo que podemos compartir.

Hoy sé que, pase lo que pase, siempre estaré a un paso de ti, como tú lo estuviste de mí.