
Cuando llega el final del día y todo se va apagando, hay una persona que me devuelve la luz sin decir mucho.
Con él, los problemas, las desilusiones o el simple cansancio no desaparecen del todo, pero pesan menos.
No importa lo que pase fuera; dentro de ese abrazo, todo se calma.
Sin palabras, me reparas. Eres quien logra que mi respiración sea más profunda y que los latidos de mi corazón encuentren su ritmo.
Tu abrazo no es simplemente entrelazar los brazos; tu abrazo es sentir cómo vuelvo a llenarme de energía al final del día.
Es ahí donde todo cobra sentido, donde el ruido se apaga y solo queda la certeza de que, pase lo que pase, siempre habrá un lugar al que volver: tú.
Porque en tu abrazo no solo descanso… en tu abrazo, vuelvo a ser yo.
