
Hay lazos que trascienden los vínculos familiares y nos permiten descubrir, en el camino, a personas que llegan más allá de las simples casualidades de la vida.
Ella estaba detrás del regalo más grande que encontré en mi recorrido:
la pequeña de la familia, la más observadora, la más callada;
la última en llegar, pero la primera en entregarse y en estar para los demás.
La fui descubriendo, incluso a la distancia, en cada encuentro cara a cara;
en esas conversaciones que ambas necesitábamos tener,
con las palabras precisas y los silencios justos,
donde desnudamos nuestra forma de ser y de pensar,
acompañándonos desde la honestidad más pura y la sinceridad más profunda.
Esta amistad llegó a nuestras vidas cuando más la necesitábamos,
para llenar vacíos distintos, pero en el momento perfecto.
Gracias por ser ese regalo inesperado que la vida me dio a través de la familia;
por estar, por escuchar, por reír y llorar conmigo;
por ser refugio y compañía, por ser parte de mi historia.
Para ella: mi cuñada Gabriela, una gran amiga
