Hijo de tigre sale rayado

Un tigre no nace analizando cada una de las rayas de su pelaje, ni si unas son más oscuras o más claras. Acepta y valora todo lo que forma parte de él, porque sabe a quién pertenece y está orgulloso de quien es.

Lo mejor de mi suegro Agustín vive en él: su profundo sentido de la responsabilidad y del compromiso, capaz de asumir incluso responsabilidades ajenas hasta hacerlas propias.

Su mirada, a veces seria, pero siempre observadora, de la que no se le escapa ningún detalle y que reflexiona antes de hablar.

Su forma de preocuparse por los miembros de su hogar, haciendo los sacrificios que sean necesarios con tal de ser ese hombre que provee a los suyos y se entrega hasta no poder más.

Su manera de encontrar, con sus manos, soluciones a los problemas del hogar, del carro, tanto en el sentido espiritual como en el material.

Su deseo constante de hacer las cosas bien hechas: sin atajos, sin alternativas, sin buscar la vía rápida, sino a base de esfuerzo, perseverancia y constancia.

Su puntualidad, siempre queriendo llegar a tiempo, esperando en el carro a cada uno de los miembros de su hogar para llevarlos y traerlos, cumpliendo sus responsabilidades cuando corresponde: ni antes ni después, justo en el momento adecuado.

Su porte, su clase y su saber estar, porque sabe qué decir y cómo actuar en cada lugar al que va. Una educación basada en principios y valores que lo han acompañado desde que formó su hogar.

Su manera de ser tan trabajador y capaz, sin pensar en descansar un poco más, sin excusas, sin evadir aquello que entiende como su responsabilidad.

Su amor y su confianza en Jehová, procurando guiar sus decisiones con la sabiduría de su Dios, confiando en que ello le ayuda a tener éxito en su forma de ser y de actuar.

En mi suegro veo a un hombre digno de admirar, por haber dado lo mejor de sí a cada miembro de su hogar.

Mi esposo es el reflejo más vivo de él, tanto en su manera de ser como en muchos rasgos de su personalidad.

No puedo amar a mi esposo sin antes valorar el reflejo del hombre que siempre estuvo detrás de él: su Papá.