
“Donde el miedo ve oscuridad,
la fe encuentra un camino.”
Todos podemos desarrollarla a través de pruebas, fundamentos y cimientos sólidos. No es ciega, como algunos afirman; por el contrario, se entrelaza con profundas raíces de amor, confianza y valentía.
Por otro lado, dentro de nosotros siempre existe algo que nos hace encogernos o paralizarnos. Está en nuestra imaginación, se alimenta de nuestros sentimientos y de nuestras heridas, y puede llegar a parecer tan real como el aire que respiramos.
Aprendí a enfrentarme al miedo y a aferrarme a la fe. En ciertos momentos, el miedo se apoderó de cada rincón de mi cuerpo, pero la fe me daba calma, porque dentro de mí recordaba que el miedo es pasajero; sin embargo, la fe es aquello que me impulsa a alcanzar cosas eternas.
Suelta mis manos, miedo, y dame alas, fe; porque la vida fue creada para amarla, vivirla y respetarla. Y aunque cada obstáculo que afrontemos en este camino pueda llenarnos de temor, siempre podremos enfrentarlo con fe.
Tanto la fe como el miedo exigen que creas en algo que no puedes ver…
Tú eliges en qué creer.
Y esa elección, aunque parezca pequeña, puede cambiar por completo el rumbo de una vida. Porque mientras el miedo te muestra todo lo que podrías perder, la fe te recuerda todo lo que aún puedes ganar.
El miedo levanta muros; la fe construye puentes. El miedo te convence de retroceder; la fe te invita a dar un paso más. El miedo se alimenta de las dudas del pasado y de las incertidumbres del mañana; la fe encuentra su fuerza en el presente y en la esperanza.
No se trata de vivir sin miedo, porque el miedo forma parte de nuestra naturaleza. Se trata de no permitir que sea él quien tome las decisiones. La valentía no consiste en la ausencia de temor, sino en avanzar a pesar de él.
Cada día tendremos la oportunidad de escuchar ambas voces. Una nos hablará de límites; la otra, de posibilidades. Una nos mantendrá inmóviles; la otra nos impulsará a crecer.
Y al final, aquello que alimentemos será lo que termine gobernando nuestro corazón.
“No siempre podré evitar sentir miedo, pero siempre podré decidir que la fe sea más grande.”
