Conocerlos es quererlos


“Antes de juzgar, recuerda que no ves toda la obra.”

Cada persona es un universo de historias, experiencias, alegrías, luchas y aprendizajes. Todos tenemos diferentes matices; algunos permitimos que sean conocidos, mientras que otros permanecen ocultos a los ojos de quienes nos rodean. Sin embargo, hay alguien que conoce cada detalle de nuestro corazón, incluso aquello que nunca hemos compartido con nadie.

Muchas veces juzgamos desde la distancia, guiados por una impresión momentánea o por una pequeña parte de la historia. Lo hacemos porque desconocemos el cuadro completo. Vemos una pincelada y creemos entender toda la obra, sin recordar que cada trazo representa una vivencia, una batalla superada, una herida sanada o una lección aprendida que ha moldeado a esa persona hasta convertirla en quien es hoy.

Si pudiéramos ver lo que Dios ve, entenderíamos que detrás de cada actitud hay una historia, detrás de cada silencio una razón y detrás de cada corazón un valor inmenso. Quizá entonces seríamos más pacientes, más compasivos y más dispuestos a comprender antes que a señalar.

Porque cuando conocemos realmente a las personas, descubrimos que hay mucho más de lo que aparentan. Y al comprender sus matices, es más fácil amarlas, respetarlas y valorarlas.

Nunca menosprecies a alguien que Él valora.