El jardín del amor


Amar es elegir cada día regar las raíces que nos sostienen, incluso cuando no se ven.

Nuestro amor se parece a un jardín.

No floreció de inmediato ni por casualidad. Ha crecido gracias al tiempo, la paciencia y la decisión diaria de cuidarlo. Cada flor representa los momentos que hemos compartido; cada raíz, aquello que nos sostiene incluso cuando no se ve.

Como las rosas, también tenemos espinas. Son nuestras imperfecciones, nuestros errores y heridas. Pero el amor nos ha enseñado a podarlas con ternura, para no hacernos daño y seguir creciendo juntos.

Porque este jardín es nuestro. 

Un lugar único que construimos día a día.

Y, como todo jardín, su destino está en nuestras manos: podemos dejar que se marchite o elegir regarlo con amor, respeto y esperanza.

Yo elijo seguir cultivándolo contigo. 

Porque la belleza de este jardín no está en sus flores, sino en que hemos aprendido a hacerlo florecer juntos.