
Hasta mis sombras aprendieron a florecer
Cada sombra trató de oscurecer un poco mi alma; cada una de ellas llegó sin que la esperara, como suelen llegar los sucesos inesperados de esta vida.
Pero todo eso me enseñó una verdad:
“Florecer también es reconciliarse con la parte oscura de uno mismo.”
Entender que las sombras no llegan para destruirnos, sino para enseñarnos dónde necesitábamos luz. Porque, incluso después del miedo, de las heridas y de los silencios, siempre queda algo dentro de nosotros capaz de volver a abrirse como una flor.
Y aunque hoy, a veces, quede esa sensación de oscuridad asomándose detrás de la puerta, nadie puede impedir que Él llene tu alma de luz.
Porque al final, incluso en medio de las sombras, siempre existe algo en nosotros dispuesto a volver a florecer.
