R de Rocío


Entre heridas y renacimientos, volví a mí.

R de Renacer

Hubo un tiempo en que algo dentro de mí tuvo que apagarse para que pudiera nacer una nueva vida. La muerte de lo viejo no llegó de golpe: fue lenta, silenciosa y necesaria. Y entre las cenizas descubrí otra forma de habitarme.

Renacer fue mirarme sin miedo, quitarme las vendas del alma y encontrar intacta la esencia que Dios siempre vio en mí, incluso cuando yo era incapaz de reconocerla. Comprendí que cambiar no era perderme, sino acercarme, por fin, a quien realmente soy.

R de Reconstruir

Reconstruirme fue recoger mis propios fragmentos con ternura. Volver a levantar aquello que creía perdido. Aceptar, desde la humildad más profunda, que aún había caminos dentro de mí esperando ser recorridos.

Tuve que aprender a habitarme con amor, a darme el lugar que tantas veces me negué y a mirarme con la misma compasión con la que siempre miré a los demás.

R de Reconquistar

Creí haber vencido muchas veces, hasta que la vida volvió a mostrarme mis sombras, mis fragilidades y mis grietas.

Entonces comprendí que no se trata de luchar contra una misma hasta destruirse, sino de aprender a sostener aquello que duele sin permitir que gobierne el alma.

Aprendí a reconocer las raíces oscuras que nacen en el corazón y a arrancarlas una y otra vez, aunque vuelvan a crecer. Porque reconquistarse no significa no caer nunca, sino elegir la luz cada vez que llega la oscuridad.

R de Rocío

Por no abandonarte ni siquiera en los inviernos en los que todo dentro de ti parecía marchitarse. Por quedarte contigo cuando el mundo dolía demasiado y ni tú misma sabías cómo salvarte.

Has aprendido a abrazar la intensidad de tu alma, a respirar antes de reaccionar y a encontrar equilibrio entre tu sensibilidad y tu fuerza. Y aunque todavía haya tormentas dentro de ti, ya no te destruyen como antes.

Y hoy, dentro de ti, habita una mujer valiente. Una mujer imperfecta, sensible y real que, pese a todo lo vivido, sigue eligiendo amar.