Rocio Navalón

Escribir es el arte de dar vida a lo invisible


Me llevo personas, momentos y recuerdos que ya no forman parte del viaje, sino de mí. 

En mi rostro se refleja la felicidad de estos días; en mi mirada, el brillo de tantos momentos que me hicieron llorar de emoción; y en mi sonrisa, la alegría de tantas buenas conversaciones compartidas y de las risas de todos aquellos que consiguieron hacerme reír a su lado.

Hoy se cierra un recuerdo para dar comienzo a todos los futuros que aún están por venir. Y, al mirar atrás, pienso en todo lo que me llevo.

Me llevo los momentos en familia. Ver a mi Sebas volver a sus raíces y sacar a la luz esa parte de él que siempre ha estado dentro de su corazón. Me llevo los momentos con mi suegra, mi segunda mamá y también mi amiga; con mis cuñadas, amigas y hermanas; y con mi sobrino favorito, a quien siempre querremos como a un hijo. Me llevo a todos ellos, y la forma en la que han llenado estos días de amor y cariño.

Atesoro también esos buenos ratos de tú a tú con mis amigas. Las que estuvieron a mi lado, las que me dejaron ser quien soy ayer y siempre, y que, en cada encuentro, vuelven a confirmarme que hay amistades para las que el tiempo no pasa.

Me llevo los encuentros con amigos que son terapia. Esos que nos invitan a mirarnos hacia dentro, a sacar los tesoros que guardamos en el corazón, pero también nuestras luchas; esos encuentros en los que, poco a poco, vamos limando mutuamente esas partes de nosotros que todavía necesitan ser pulidas.

Y conmigo me llevo todos los nuevos nombres que ahora forman parte de mí. Personas que he tenido la oportunidad de conocer y cuyas historias empiezan, de alguna manera, a formar parte de la mía. Doy gracias por haber comenzado a formar parte de sus vidas y por la posibilidad de que juntos sigamos construyendo nuevos lazos de amistad.

Hoy dejo atrás a la Rocío de ayer y abrazo a la que soy hoy, a esa mujer en la que, de una manera u otra, todos ellos me han ayudado a convertirme.

Agradezco cada rayo de luz que sigue brillando en mi interior. Porque esa luz no nace solamente de mí: está hecha de cada persona que formó parte de este viaje, de cada conversación, cada abrazo, cada risa, cada lágrima y cada instante compartido.

Y aunque hoy algunos caminos vuelvan a separarse, nada de lo vivido se queda atrás.

Porque hay personas que no regresan contigo en la maleta.

Regresan contigo en el corazón.

La luz que me llevo (Escrito en voz)