
A veces, volver a casa no es regresar a un lugar, sino volver a encontrarnos con nosotros mismos.
Regresar, volver y sentir que, poco a poco, todo recobra esa paz y esa estabilidad interna que me ayuda a ser.
Aquí soy, con todas mis piezas en su lugar. Y es entonces cuando vuelvo a encontrar la conexión conmigo misma, esa que a veces se pierde entre los días, los cambios y los caminos que recorremos. Aquí encuentro una rutina que me sostiene y una estabilidad que me devuelve a quien soy.
En este lugar consigo ser mi propio hogar: mi espacio seguro, mi mar en calma, ese refugio al que puedo regresar cuando necesito respirar, detenerme y volver a empezar.
Porque mis piezas están formadas por muchos lugares y por muchas personas que, de una manera u otra, dejaron algo de sí en mí. Cada experiencia, cada abrazo, cada conversación, cada despedida y cada recuerdo ha ido construyendo una pequeña parte de quien soy.
Y, sin embargo, todas esas piezas terminan reuniéndose aquí.
En mí.
Como si cada lugar que he amado, cada persona que ha dejado huella y cada camino que he recorrido encontrara finalmente un lugar donde descansar.
Quizá eso sea sentirse en casa: no encontrar un lugar perfecto, sino volver a ti misma y descubrir que, después de todo, tú también eres el hogar al que siempre puedes regresar.
