
«Valencia, la terreta que se hizo hogar.» ☀️🍊
Llegamos el 25 de septiembre de 2021 a un lugar estratégicamente cercano y familiar, pero que todavía esperábamos descubrir. Nada más llegar, su sol nos llenó de alegría, con la certeza de que los días serían más cálidos y estarían llenos de vida.
Al principio, todo tenía el encanto de lo desconocido. Había calles que todavía no sabíamos adónde llevaban, palabras que aún no formaban parte de nuestro vocabulario y costumbres que observábamos con la curiosidad de quien acaba de llegar.
Pero Valencia tiene una manera muy suya de hacerse familiar. Poco a poco aprendimos que aquí el sol no solo ilumina, también invita a vivir hacia fuera; que el Mediterráneo siempre queda lo suficientemente cerca como para ir a buscarlo; y que aquí se vive con ese espíritu tan valenciano de «pensat i fet», donde las ganas de disfrutar se convierten enseguida en realidad.
Aprendimos también que la pólvora se siente en el pecho antes de entenderla; que las Fallas llenan las calles de arte para después entregarlo al fuego; que el olor a azahar anuncia la primavera y que hay atardeceres en la Albufera capaces de conseguir que uno se quede en silencio.
Y entre un «xe» y un «au», entre el mar y la huerta, entre días cotidianos y celebraciones que hacen temblar la ciudad, dejamos de sentir que estábamos descubriendo Valencia. Empezábamos, sencillamente, a vivirla.
Pero, si algo terminó de acercarnos a esta tierra, fue su gente. Gente cercana, familiar y festera, de puertas abiertas y mesa compartida; de esas personas que saben convertir cualquier ocasión en un momento para recordar.
Nos acogieron con esa naturalidad que hace que uno deje de sentirse recién llegado. Compartimos conversaciones, risas y momentos cotidianos que, casi sin darnos cuenta, fueron creando vínculos.
Y entonces entendimos algo: un lugar no se convierte en hogar solamente porque aprendas sus calles o te acostumbres a su paisaje. Se convierte en hogar cuando encuentras personas que hacen que quieras quedarte.
Valencia nos regaló muchas cosas, pero entre las más bonitas estuvo su gente. Personas que empezaron siendo parte de una tierra nueva y terminaron siendo parte de nuestra vida.
Quizá por eso, con el tiempo, dejamos de sentir que simplemente vivíamos en Valencia. Valencia también se había convertido en casa.
«València és la terra de les flors, de la llum i de l’amor».
Valencia sabe a mar y a naranjos, suena a pólvora y huele a azahar.
Xe, Valencia… qué bonita eres.
