
Hay regalos que se compran y otros que nacen lentamente entre las manos.
Estas dos piezas fueron creadas para mis padres. Dos cuencos diferentes, cada uno con su propia forma y su propio color, pero unidos por una misma intención: devolverles, en algo hecho por mí, una pequeña parte de todo lo que ellos me han dado.
Mientras modelaba cada curva, suavizaba cada borde y elegía sus colores, pensaba en ellos. En sus diferencias, en todo lo que los hace únicos y en ese hogar que han construido juntos, donde también aprendí a ser quien soy.
No son piezas perfectas, y precisamente por eso son tan especiales. Conservan la huella de mis manos, el tiempo dedicado y el cariño con el que fueron creadas.
Una para cada uno. Dos piezas nacidas de la misma arcilla y unidas por un mismo amor: el que siempre me lleva de vuelta a casa.
