Mucho más que un servilletero

Para mi madre

Cuando pensamos en unas servilletas, quizá nos vienen a la memoria esos momentos compartidos en familia o con amigos, alrededor de una mesa, disfrutando de una buena comida, de conversaciones interminables y de risas que convierten lo cotidiano en recuerdos especiales.

Pero las servilletas no solo limpian los labios manchados de comida. También pueden secar lágrimas.

Lágrimas de felicidad, de emoción, de tristeza o de esas que aparecen cuando las palabras ya no son suficientes para expresar lo que sentimos.

Y quizá ahí reside la belleza de algo tan sencillo: en recordarnos que alrededor de una mesa no solo compartimos alimentos, también compartimos la vida.

Nos alimentamos de conversaciones, de cariño, de comprensión y de esa compañía que tantas veces necesitamos sin saber cómo pedirla.

Por eso, he querido hacerle este pequeño servilletero con mis propias manos para mi madre. 

Porque lo verdaderamente importante no es lo que ponemos sobre la mesa, sino el amor de quienes se sientan a nuestro lado.