Sobre mí y la escritura

Colombia, 2013.

No recuerdo exactamente cuándo comenzó mi inclinación por la escritura. Sin embargo, en el año 2013, cuando una sonrisa que nunca antes había tenido iluminaba mi vida, surgió en mí algo especial por las palabras que escribía.

Sin ser muy consciente de ello, ese mismo año, mientras vivía en el extranjero, comencé a redactar correos electrónicos para mi familia y amigos.

Fue en ese momento cuando aquella habilidad innata que llevaba dentro—la capacidad de escribir y expresar mis sentimientos a través de las palabras—empezó a tomar forma.

De hecho, a finales de ese año, escribí por primera vez para la persona por quien comencé a sentir un amor verdadero y genuino, quien hoy en día es mi esposo. Ese instante cambió por completo el rumbo de mi vida.

La escritura ha sido y sigue siendo una compañera de vida, un refugio que me ha sostenido en los últimos años y me ha ayudado, a nivel personal, a canalizar mis sentimientos y gestionar mejor mis emociones.

Poder expresar a través de la escritura lo que realmente siento, de manera sincera y precisa, me libera, como si pudiera derramar mi copa cuando está a punto de desbordarse, permitiéndome así mantener el equilibrio emocional.

La escritura también ha sido un proceso empírico para mí; me ha permitido conocerme mejor cada día y desarrollar una mayor empatía hacia las emociones de los demás. Es como si pudiera extraer cualquier sentimiento que ronda por mi mente y mi corazón, para luego darle forma y color con las palabras.

Para mí, escribir es sentirme viva y con ganas de vivir. Es respirar en tinta y papel. A través de la escritura, doy vida a lo que mi voz no siempre puede expresar. Es la forma en que traduzco la vida en palabras y le doy sentido a lo que siento.

A ti, querido lector, gracias por leerme con el corazón abierto, sin filtros ni juicios, y por empatizar con mis sentimientos, esos mismos que, en algún momento, también han sido los tuyos.