
Soy lo que la vida despertó en mí,
lo que otros me dieron
y aprendí a compartir.
No sé si nací sabiendo sentir,
o fue la vida quien me enseñó a vivir.
Hubo unas manos que me sostuvieron,
palabras sinceras que me consolaron.
Y sin darme cuenta, algo floreció,
todo aquel cariño en mí se transformó.
Lo que un día recibí sin pedir,
hoy nace de mi alma para compartir.
Aprendí a mirar detrás de un silencio,
a escuchar lo que no dice una voz.
A encontrar en los pequeños gestos
la grandeza que esconde el amor.
Así es mi manera de ser,
sentir muy profundo, querer y comprender.
Tender una mano, saber escuchar,
dar lo que un día me supieron dar.
Así es mi manera de amar,
con el alma abierta y ganas de ayudar.
Pero hoy he aprendido también
que para querer hay que quererse bien.
Soy de las que sienten un poco de más,
de las que una palabra puede hacer llorar.
Me duelen las distancias, me cuesta entender
que no todos los corazones me van a querer.
Antes perseguía lo que se alejaba,
buscando respuestas donde no las hallaba.
Hoy sé que el cariño no hay que mendigar,
que quien quiera quedarse encontrará su lugar.
Y aunque a veces me duela aceptar
que no todos me puedan comprender,
no quiero dejar de sentir como siento,
solo aprender a cuidar de mi ser.
Así es mi manera de ser,
sentir muy profundo, querer y comprender.
Tender una mano, saber escuchar,
dar lo que un día me supieron dar.
Así es mi manera de amar,
con el alma abierta y ganas de ayudar.
Pero hoy he aprendido también
que para querer hay que quererse bien.
Puedo acompañar sin cargar con todo,
puedo dar cariño sin perder mi voz.
Puedo decir que no y seguir queriendo,
sin sentir que fallo al corazón.
Y esa niña que aprendió a ser cuidada,
hoy también se quiere abrazar.
Con la misma ternura que entrega a otros,
se está enseñando a descansar.
Así es mi manera de ser,
con mis cicatrices y mis ganas de querer.
Con mis sentimientos, con mi fragilidad,
con todo lo que soy y lo que aprendí a amar.
Así es mi manera de vivir,
sin dejar que el miedo decida por mí.
Porque hoy he aprendido también
que para querer hay que quererse bien.
Soy un corazón que aprendió a cuidar,
porque un día lo supieron abrazar.
Y hoy sigo aprendiendo a querer…
sin olvidarme de mí también.
