
Un abrazo que lo sostiene todo
Fuiste la excepción que encontré cuando tomé una de las mejores decisiones de mi vida, y fue ese camino el que me llevó hasta ti.
Contigo descubrí el amor verdadero: un solo amor, de esos que solo pueden existir una vez en la vida, cuando tus manos suaves y cálidas se encontraron con las mías.
Una vida que ha sido como una montaña rusa, con sus subidas y sus bajadas, con caídas en picado y un constante traqueteo con el paso de los años. Una vida llena de retos y escollos, uno tras otro; de desafíos tan grandes como montañas majestuosas; de aprender juntos a agarrarnos con todas nuestras fuerzas a la triple cuerda y, pese a todo, no soltarnos nunca.
Un camino recorrido hasta ahora junto a ti que hoy me hace sentir plena. Hoy sigo sintiendo esa emoción de volverte a ver al final del día; de despertar cada mañana y ser la primera en ver abrir tus ojos, de agobiarte con mis besos mañaneros; de sentir que vuelo cuando me alzas en un abrazo y no toco el suelo porque estoy entre tus brazos.
Un amor que se nutre de lo mejor que hay en lo más profundo de lo que somos, de aquello en lo que creemos con una fe basada en pruebas que nunca falla, y de lo que estamos dispuestos a invertir en él. Haciendo equipo, sobre todo ahora, no solo por los años que llevamos juntos —aunque también influyen—, sino por llegar a ser lo que Él quiere que seamos en este momento de nuestras vidas.
