El valor de cada salto


“No se trata solo de llegar a la meta, sino de en quién te conviertes al saltar cada obstáculo.”

Logré saltar las barreras. Una tras otra me recordaban hacia dónde quería llegar, teniendo siempre clara cuál era la meta final.

Y comprendí que lo importante no eran los logros en sí, sino cómo cada salto me iba dando forma: a mi manera de ser, a lo que sí afloraba en mí y a lo que aún faltaba por hacer.

No fue suerte —que en realidad no existe—, fue el esfuerzo de permitirme caer y, al mismo tiempo, obligarme a levantarme.

Las decisiones que fui tomando en el camino no fueron hechas al azar; fueron bien pensadas. Y aquellas que no fueron meditadas y resultaron mal, hoy puedo reconocer que carecían de la madurez, el discernimiento y la paciencia que entonces no supe tener.

Cada paso contó, cada salto también. Y hoy soy más consciente que nunca de que debo seguir mi camino: sin frenar, sin apartarme, sin desfallecer; solo continuar caminando.

Al final, el resultado de nuestra vida no nos hace mejores que los demás. Hoy solo puedo sentir que hice lo que tenía que hacer, en el momento en que había que hacerlo, y estuve en el lugar en el que tenía que estar.

Y eso no es casualidad. Eso se llama elegir, con las herramientas, los recursos y los valores que la vida te da, aquello que deseas encontrar y que hallas después de buscar.