
Me abrazaste y, por un instante, sentí que nunca más te irías de mí.
Ese primer abrazo se convirtió en una promesa que cada día logras cumplir.
Porque así eres tú: siempre te esfuerzas por cumplir lo que prometes.
Y eso te convierte en una persona confiable en todos los sentidos.
Me abrazaste y tu corazón puso su sello en el mío.
Una señal que perdura y se reafirma con el paso del tiempo.
Porque así eres tú: siempre dejas tu huella.
Y eso te hace una persona significativa en la forma en que estás presente en mi vida.
Me abrazaste y me susurraste al oído tu amor en forma de promesa.
Una promesa solemne que llena los vacíos, los huecos y los defectos.
Porque así eres tú: capaz de perdonar, de rectificar y de razonar.
Y eso te hace una persona adaptable, que se fusiona conmigo, con mis pensamientos y mis sentimientos.
Y en cada abrazo renovado confirmo que tu amor no fue una promesa dicha, sino una promesa cumplida.
Porque el amor verdadero no se pronuncia: se demuestra, se sostiene y permanece.
