
Miro hacia arriba y sonrío por dentro;
renacen flores a mi alrededor, llenas de gratitud.
Dicen que hay heridas que no curan, y aunque mi piel ha sido un campo de batalla, hoy veo florecer lo bueno que brota de ellas.
Aún me enseñan, y no desaparecen del todo; permanecen para recordarme, cada día, las cosas buenas que sí tiene esta vida.
Mi corazón está dilatado: ya no puede contener más gratitud.
Hoy, más presente y entera que nunca, doy gracias por vivir un día más.
