
Está al alcance de todos,
pero no todos tienen la paciencia para cultivarla.
Se despliega con amor y dedicación,
aunque a veces requiere el esfuerzo de toda una vida.
Somos como espejos que reflejan el brillo de nuestro Creador,
llenos de matices y facetas por descubrir en nosotros mismos.
Nunca dejamos de aprender y de desarrollar lo que verdaderamente importa:
nuestra propia belleza interior, rica en infinitas formas.
