La belleza interior

“Eres absolutamente bella, amada mía, no hay defecto en ti” (Can. 4:7)

Está al alcance de todos,

pero no todos tienen la paciencia para cultivarla.

Se despliega con amor y dedicación,

aunque a veces requiere el esfuerzo de toda una vida.

Somos como espejos que reflejan el brillo de nuestro Creador,

llenos de matices y facetas por descubrir en nosotros mismos.

Nunca dejamos de aprender y de desarrollar lo que verdaderamente importa:

nuestra propia belleza interior, rica en infinitas formas.