Me abrazaste el alma

Me abrazaste el alma y me acomodaste la vida.

No fue un abrazo cualquiera;

fue el instante exacto en que mi alma encontró refugio en la tuya.

Me abrazaste, y todo lo roto dentro de mí

recordó cómo volver a estar en paz.

En tu abrazo entendí que no se necesita mucho para sanar,

solo alguien que sepa sostenerte sin soltar.

Me abrazaste el alma cuando más lo necesitaba:

sin preguntar, sin prometer, solo estando.

En medio del ruido,

tu abrazo fue la pausa que me enseñó a respirar de nuevo.

Y me fui envolviendo entre tus brazos,

cada vez más acogedores, cada vez más acoplados a mí.

Y así, acomodé mi vida junto a ti.