
Por estar siempre y nunca dejar de hacerlo.
Por regalarme recuerdos de amor, felicidad y protección en mi infancia, a pesar del ruido.
Por darme las bases para enfrentar la vida y todo lo que estaba por venir.
Por acercarme a mi Dios con vuestro ejemplo de lealtad y vuestro amor inquebrantable hacia Él.
Por inspirarme con vuestra motivación constante, que impulsó mis pasos cuando la luz se apagó.
Hoy doy gracias por este regalo inmerecido: teneros y que seáis mis padres.
