
¿Dónde viven los sentimientos que no pudimos decir?
Viven en las personas de nuestro círculo más cercano (mis 2, 3 y 14),
donde podemos crear momentos únicos de confianza, complicidad y desahogo.
Son las personas con las que podemos mostrarnos tal como somos,
con nuestras debilidades y vulnerabilidades,
sin miedo a ser invadidos, juzgados, atacados o rechazados.
En ellos habitan los sentimientos que antes no expresamos.
Viven en las cartas y escritos que nadie leerá,
que a veces arrojamos en pedacitos al aire o al mar.
Allí podemos desnudar nuestra verdad más cruda:
nuestro amor, nuestro odio, nuestro dolor
y nuestras ansias de ser liberados de todas esas cargas.
Son las palabras escritas que brotan directamente
de nuestra mente y de nuestro corazón,
esas que con exceso de tinta solemos dejar en el papel.
En ellas laten los sentimientos que antes no escribimos.
Viven en Él, en las oraciones que atentamente escucha
cuando alzo mi voz hacia lo alto.
Allí puedo ser escuchada, comprendida y amada,
pues el conocimiento que Él tiene de mí
y de todo lo que me rodea escapa de mi comprensión.
Son las oraciones que dirijo a mi Dios,
las que aterrizan mis pensamientos y emociones,
las que me dan esa paz que supera todo pensamiento,
guardando mi corazón y protegiendo mis facultades mentales.
Porque antes de que pronuncie palabra alguna,
Él ya me conoce y lo sabe todo.
En Él viven mis sentimientos antes no conocidos por nadie, ni siquiera por mí misma.
