El sendero interno

El sendero me llama, pero mis pies aún no responden.

Esta pausa se ha hecho más larga con el tiempo, y ahora consigo sentarme, sintiéndome cómoda en el lugar en el que estoy.

La espera no es solo una pausa en el camino:

es una contemplación de todo lo vivido y de lo que queda por venir.

A solas comprendo que no siempre se trata de llegar, sino de entender por qué partimos.

Comprendiendo cuál es mi historia, mi principio y hacia dónde me lleva aquello que guía e impulsa mis primeros y últimos pasos en esta vida.

El sendero frente a mí parece infinito, pero el verdadero trayecto está ocurriendo dentro:

en lo que voy sintiendo, en lo que voy cambiando y aceptando con el transcurso del tiempo.

Sentada aquí descubro que lo más difícil no es elegir el rumbo, sino aceptar lo que soy mientras espero.

Lo que aprendí a controlar, y no a superar, a veces pesa:

los fallos, las cosas por mejorar… Aquello que, aunque decido que no me defina, sigo cargando y suelto siempre que puedo.