
Dejando atrás lo marchito, salvé lo vivo,
podando flores que morían en el camino.
Donde el dolor abre espacio a la ternura,
sané lo que parecía una herida incurable,
y di paso a una nueva forma de mirar lo vivido.
Desnudé ramas para vestirlas de primavera,
me despojé de todo aquello que no supe cuidar,
permitiendo que volvieran a nacer sin miedo.
Donde caen las hojas para dejar pasar la luz,
aprendí a abrir paso a lo bueno,
y a soltar la sombra que parecía un hogar.
Donde las heridas se vuelven flores,
corté raíces venenosas sin tregua,
acortando el daño, dejando que mi jardín floreciera.
