
Renació cuando vio todo su cuerpo cubierto de flores que brotaban.
Era la belleza que el tiempo había cultivado en su interior.
Ya no teme lo que habita en su alma,
porque ha sido fuerte, ha sanado, ha vivido.
Y una vez más, ha florecido,
dando los pasos necesarios, sin perder el ritmo ni dejar de intentarlo.
No fue de la noche a la mañana; el sol, la lluvia y las lágrimas también nutrieron su alma.
Aprendió a amar cada flor que emergía, incluso aquellas que crecieron en medio de sus grietas.
Cuando otras almas rotas la vieron florecer, supieron que ellas también podían renacer.
Y así, convertida en jardín, caminó sin miedo, dejando semillas de esperanza en cada paso.
Ahora, cuando sopla el viento, esparce la fragancia de su fortaleza.
