Ajusto el paso, otra vez

Hay momentos en los que necesito hacer una nueva pausa en el camino.

Mirar a lo lejos para reflexionar sobre lo que he logrado, sin restarle importancia.

Y luego, reconocer los límites que ahora me acompañan.

Recalcular el paso, de forma realista, para entender hasta dónde puedo llegar y cuáles son las prioridades del momento, así como aquellas que siempre me han acompañado.

Porque el ritmo que ayer me impulsaba, hoy quizá me exige demasiado.

Porque comprender hasta dónde sí puedo también es una forma de avanzar.

No se trata de rendirse, sino de caminar distinto. Con más conciencia, con menos prisa.

Hay logros que ya no necesito repetir y vacíos que ya no me duelen igual.

Algunas batallas han dejado de definirme. Y otras, nuevas, se enfrentan con más calma.

Ajusto el paso, otra vez,

porque mis razones han cambiado, y yo también.

Porque hay pausas que no detienen: enseñan.

Y hay caminos que no siguen en línea recta, pero igual me llevan a donde quiero estar.

Hoy avanzo con intención, no por inercia.

No por cumplir con expectativas ajenas, sino por escuchar lo que verdaderamente me mueve.

Y si tengo que frenar, freno. Si tengo que soltar, suelto. Si tengo que volver a empezar, empiezo.

Ajusto el paso, otra vez,

porque estoy aprendiendo que avanzar también es saber cuándo parar.