
Entre hojas rotas se esconden todas aquellas que se resquebrajan, dando paso a la sensibilidad de mi alma.
Parecen frágiles e irreparables,
pero siempre encuentro la forma de darles unas puntadas que reparan todo el daño.
Mirando al frente, logro un cambio de actitud
y una nueva forma de verme por dentro.
Con ello, consigo que mis puntadas fortalezcan mi alma.
Una a una, me recuerdan que
las cicatrices siempre serán esos remiendos
que reconstruyen lo que alguna vez se quebró.
