Lo que nos une

Pasa el tiempo y seguimos cada una en su lugar,
con su vida, sus circunstancias y los retos que encontramos en el camino.
Con la necesidad de dar lo mejor de nosotras en cada faceta de nuestras vidas.

Hasta que nos volvemos a encontrar,
y algo dentro de nosotras se vuelve a conectar,
como si el tiempo se detuviera de repente y pudiéramos guardar este recuerdo presente.

Es nuestra amistad,
la que nos une por lo más importante y, a la vez, nos separa por esa misma razón
y por las decisiones que tomamos, que van ensanchando nuestros caminos.

Son los años que han pasado,
sabiendo que, aunque en nuestro día a día no estemos presentes,
en todos los momentos nos daremos el apoyo que tanto necesitaremos sentir.

Somos como una red de rescate, de soporte, de apoyo que la distancia no puede romper.
Cada una diferente, con lazos distintos que se unen y se entrelazan,
pero que en conjunto forman un gran nudo.

Sois mis mujeres valientes, entregadas y llenas de fe,
que me recuerdan que, con vosotras, somos como flores que se abren y vuelven a florecer.

Sin miedo ni dudas, siendo quienes somos,
sin nada que esconder, sin vergüenza ni timidez.
Juntas, la confianza y la sinceridad se dan la mano
y fluyen en cada una de nuestras conversaciones,
que expresan nuestros sentimientos más profundos en forma de lágrimas y abrazos.

Gracias a todas por vuestro esfuerzo de no soltar esta amistad ni dejar que se pierda.
Por ser y estar en los momentos más difíciles y también en los más felices de mi vida.
Por vuestros oídos siempre dispuestos a escuchar
y por vuestras palabras, siempre llenas de sabiduría.
Gracias por cuidar con tanto amor lo que nos une.