
A veces, la vida te sorprende con personas que se vuelven hogar sin avisar.
Surge entonces una hermosa coincidencia entre almas que se reconocen, se entienden y conectan.
Cada una aporta sus propios matices, dando lugar a la diversidad de opiniones y al enriquecimiento personal.
Así, se van sumando: tres razones más para sonreír cada día en mi vida.
Un espacio donde podemos ser, sin nada que esconder; donde la confianza nos permite hablar sin juicios y respirar profundo.
Son como flores que me rodean y me ayudan a echar raíces profundas… para florecer juntas.
