
Entre un punto y el otro estás tú,
balanceándote en la mitad.
Si cargamos más de un lado,
terminamos perdiendo la estabilidad.
Pero, con la balanza rota, ¿Quién tiene el equilibrio?
Cuando la balanza se rompe,
es momento de dejar de medir y empezar a reconstruir.
Pues, mientras la balanza esté rota,
nunca dará un peso justo.
