
Entendí, con el tiempo, que los días de lluvia no son eternos.
Que entre una tormenta y la otra, llegan los momentos de tregua.
Pero aprendí que la lluvia limpia y va calando despacio pero profundo para dar vida y hacer crecer.
Ahora cuando llueve recuerdo que, sin importar si la vida me arranca de nuevo del suelo, donde me pongan vuelvo a florecer.
Y seguiré siendo como esa flor, que sobrevive a la lluvia pero que la usa para crecer.
