
Un día aprendí a montar en bici, sin querer huir ni alejarme del todo, fui creando distancia.
Dejando un camino tras de mí lleno de flores que siempre podrán buscar si me quieren volver a hallar.
Fui pedaleando con un rumbo fijo, marcando los límites y apreciando el camino.
Al final aprendí a dar de mí dosificando qué resta y qué suma. Y el resultado fue paz.
