A veces, nos aferramos a sentimientos pasados, situaciones sin resolver y a personas que dejaron una honda huella.

Puede que nuestros motivos sean sinceros pero dentro de nuestro interior olvidamos separar nuestros deseos egoístas y los daños colaterales que podemos llegar a causar.

En ocasiones, resolver no es hablar frente a frente, no es buscar la aprobación ni el perdón en otros, no es intentar que funcione algo que no está en el mismo espacio y tiempo como lo estuvo en el pasado.

Realmente, solo llegamos a estar en paz con nosotros mismos cuando, “soltamos, todo aquello, que ya nos soltó”.

Es mejor no insistir en forzar vínculos que ya no funcionan y aprender a encajar cada sentimiento, situación y persona en el lugar que se encuentra ahora en tu vida.

Y entonces sentirás como si una versión antigua de ti mismo se sintiera orgulloso de lo que has logrado hasta ahora.