Cultivando mi propio terreno,

entre lágrimas, resiliencia y empeño,

vi crecer el fruto de mis esfuerzos.

Y mientras, iba pasando el tiempo,

al principio demasiado rápido,

después todo parecía muy lento.

Con mis propias pisadas fui allanando el terreno,

siendo más grande que mis circunstancias,

fui creciendo allá donde fui plantada.

Con el transcurso del tiempo,

después de haber sido transplantada de varios

terrenos, encontré mi lugar,

donde me vi crecer

más alto que mi propio ser.

Crecí por encima de mi propia vida,

mi ámbito personal,

mi antiguo yo.

En definitiva, volví a ver el sol.