A su tiempo, de manera silenciosa y con cuidado, interiormente fui creciendo.

Y en el proceso, siempre me acompañabas tú, en frente de mí, enseñándome a sentir, a explorar, a vivir.

Contigo fui desarrollándome en diferentes aspectos de mi vida, emocional, espiritual y mental.

De ti aprendí la disciplina, la voluntad, el amor a la lectura y el orden.

Contigo llegué a encontrar la felicidad de darme a los demás y la realización de hallar “la verdad”.

Alcanzando el máximo potencial, como una flor que resplandece.

Contigo aprendí a desplegar un sentido de plenitud y satisfacción personal.