
Los años de lágrimas fueron pasando,
como se pasan los inviernos más duros y oscuros.
Con lentitud, con desasosiego y con un dolor que parece interminable.
Todo pasa, cambia y se transforma, dando lugar a lo bello.
El dolor es como una metamorfosis del alma,
que convierte la oruga en mariposa.
Es un cambio profundo y consciente hacia el autoconocimiento, el crecimiento personal y hacia la pureza espiritual.
Ya llegaron los años de calma, serenidad y equilibrio.
Hoy toca florecer y deleitarme en el resultado de los colores, aromas y frescura de la primavera.
Hoy tocó observar la obra completa.
