Contigo, de tu mano, fui adquiriendo el conocimiento de la vida.

Al despertar cada mañana, escuchando tu voz, llegué a sentir que ese día sería “Un Gran Día”.

Fui familiarizándome con el camino que tenía delante y faltaba por recorrer con la ley de mi madre.

Fui asimilando con algunos fallos y errores la necesidad de agarrar fuertemente las riendas de mi vida.

Fui entendiendo lo que era comerme la vida “con patatas fritas” con hambre y con las ganas de sentirme viva.

Contigo, de tu mano, aprendí a caminar el camino de la vida.

Gracias mamá por siempre ser tan luchadora y positiva.