Algo mejor que subir a un columpio, es volar en las manos de Papá.

De tu mano siempre aprendí, la felicidad de darme a los demás.

Amable, atento y dispuesto, así eres tú.

Tus manos forjaron y me guiaron para que en mi personalidad estuviera esa forma desinteresada de darme a las personas que entran y salen en cada etapa de esta vida.

Siempre fui tu titán, y todavía tu voz me empuja a luchar.

En tus manos encuentro el sacrificio del duro trabajo, del sentido de la responsabilidad, y eso me da seguridad.

Tú me enseñaste a volar, motivaste siempre a este torbellino para que nunca dejara de girar.

Por eso y mucho más, Gracias Papá.