A veces en la serenidad de mis días, una nube de color a nostalgia me hace revivir el recuerdo de los buenos momentos, de las personas a las que amo y no tengo a mi lado y de los lugares, que con el tiempo, al alejarme de ellos mi mente a idealizado.

Entonces empiezo a echar de más algunos sentimientos que a veces inundan mi alma y me ahogan como un gran mar.

Y de nuevo empiezo a tener ese diálogo interno que me lleva a pensar en lo bueno, agradable y positivo de aquellos días, de aquellas épocas y etapas de la vida.

Es como si me convenciera a mí misma que esos sentimientos no es nostalgia ni melancolía es la memoria de mi corazón que late agradecido.

Y conmigo sigue estando esa nube de color gris que a veces empiezo a echar de menos y a veces a echar de más.