
Un cielo estrellado, en el silencio de la noche, suspiro y puedo sentirte.
Miro hacia la inmensidad con confianza y me das una estrella que se posa en mi mano.
Esa estrella es sencilla pero brillante y llena mi corazón de tu aprobación.
Digna, capaz y autosuficiente son las cualidades que ahora me acompañan.
Ahora en la tenacidad del momento puedo salir victoriosa porque tu aprobación me acompaña.
Y ahora lo puedo ver, y me susurras al oído:
“Has logrado lo mismo, que yo Jehová, te quiera”.
