Él admiraba lo transparente y cristalina que era ella, ella admiraba lo brillante y sólido que era él.

Así como el agua y el aceite, por muy distintos que sean, se admiran él uno al otro. Incapaces de mezclarse pero juntos en un mismo recipiente.

Uno resaltando al otro. Sin poder vivir el uno sin el otro apreciando sus matices y sus diferencias, supieron formar juntos belleza.