
Aprende a no insistir en cosas que al otro no le nacen.
Cuanto más insistes, más tiras de la cuerda y cuanto más tiras más fácil es romper al otro o hacer que se desborde.
Aprendí a amar a mi prójimo más cercano tal y como es, potenciando lo que ya es, y no lo que no tiene.
Aprendiendo de sus matices descubrí que sus luces y sus sombras combinan con las mías y juntos formamos un gran equipo.
