
Echamos raíces en los lugares donde pudimos florecer. Donde nada impidió que nos acariciara la luz del sol y eso nos devolviera la vida.
Aquí pude enfrentar los días grises y las densas nieblas, cuando sentía que no era la misma hubieron personas que me recordaron que eso no era lo que importaba ahora sino mirarme al espejo y saber que podía ser quien quisiera ser, pero que siempre llevaría conmigo mi esencia y eso nadie ni nada podrían borrar de mí.
Y los días pasaron y todo fue en aumento, las ganas, la motivación y la alegría de vivir. Ahora que mi tallo es fuerte y floreció mi flor, ahora seré transplantada en otras tierras, sin olvidar los lugares donde me hice fuerte.
